Antonio López y ‘Los Labrantes de la Palabra’ rescatan la vida contando cuentos

Un grupo de espectadores al final de la función de Antonio López

Al entrar en la sala se volvió todo mágico. Nerviosos, tanto niños como mayores, fuimos tomando asiento sin saber que nos depararía aquel encuentro. En el escenario, Antonio López tomó su guitarra y comenzó a cantar. Una hora más tarde, todos juntos cacareábamos como la gallina Domitila, que iba con sus pollitos a trabajar al campo para luego poder hacer pan. En ese momento, todos entramos en el cuento formando parte de él. Ninguno quería ser el gallo Panquiero que no iba a trabajar pero sí quería comer luego. La risa de Pablo nos hizo sonreír a todos. Estamos en la XVII edición de ‘Un Madrid de cuento’ en la sala de teatro El Sol de York.

Antonio hace 23 años que asistió como público al Festival Internacional de Narración Oral de Agüimes, municipio de Gran Canaria. Aquel año él era un chaval pero aquel acto cambió su vida. “Cuando vi al narrador colombiano, Jairo Aníbal Niño, observé lo que hacía en el escenario, aparentemente estaba conversando con nosotros sin ningún recurso escénico, solamente con la palabra como herramienta. En ese momento yo era delineante, no tenía nada que ver con el teatro, pero me planteé seriamente que tenía que aprender a hacer eso o nada tendría sentido”, cuenta a Son Comunicación.

Se formó para ello abandonando todo lo demás. “La narración la tienes que curtir como ser humano. Hay recursos como la voz o los trabajos de iluminación que si puedes tomar de otros compañeros de teatro, pero la base que envuelve el contar cuentos tiene que ver con la conversación, con la comunicación. Ni siquiera con la oratoria porque ésta te enseña a esconder lo que se siente y un narrador tiene que expresar. Se trata de trabajarte a nivel personal para que estés limpio como ser humano, para que no se vea nada monstruoso, cuidarte de no convertirte en un ególatra y no tener ninguna enfermedad humana”, sonríe el cuentacuentos.

El desconocido amigo

Además, Antonio para conseguir esa magia conoce perfectamente cada edad, cuáles son sus preocupaciones, cuáles son los temas que les gustan tratar y tiene mucho sentido común. “La película del cuento se monta en la cabeza del otro y las células espejos que tenemos todos (para ponernos en el lugar del otro o para iniciar la conversación ya que cambiamos la forma de hablar en función de quien tengamos delante) hay que entrenarlas”, explica.

Así, los niños entran con miedo a la sala y terminan con ganas de abrazar a Antonio. Ahora ya son amigos. “Tiene mucho que ver con cómo le contamos los cuentos a nuestros hijos, sólo que en este caso tienes de 30 a 200 hijos pero es el mismo artilugio”, asegura.

Antonio se dedica exclusivamente a contar historias. “Es una profesión vocacional por eso me dedico a esto haciendo equilibrio pero no me quejo porque soy muy feliz”, dice. Y no solamente es feliz, sino que tiene energía para repartir en estos momentos tan duros ya que trabaja en el sector de la educación, sus citas son en bibliotecas, centros educativos y espacios donde la palabra sea requerida.

De hecho, uno de sus talleres llamado ‘El círculo de la palabra’ está dedicado a padres y madres que quieran mejorar la comunicación con sus hijos a través de la narración de la memoria de la familia y anécdotas del pasado.

La comunicación con los demás es la base de su vida. “Los cuentos tratan los valores humanos, desde ‘La Bella Durmiente’, ‘Caperucita Roja’ o ‘La niña del zurrón’ que habla de la pederastia o del acoso a niños. Son cuentos milenarios que llevan con nosotros mucho tiempo porque son inherentes al ser humano”.

Como enamorarse

Pero lo mejor de esta acción es encontrarse con un desconocido y convertirte en su amigo. “Pablo que tenía seis años, cuando salió del espectáculo me preguntaba que si mañana iba a estar aquí para provocar el reencuentro de nuevo, porque ahora es amigo mío”, dice orgulloso.

“El proceso se me parece mucho al del enamoramiento, está la mirada a los ojos, el que de repente por todos los canales se desprenda una comunicación y uno alcance ver el interior del otro. Es hermoso. No pasa siempre, hay veces que te marchas chafado, porque no alcanzas llegar al público por algún elemento externo como ruidos de fondo, un niño que lloraba…”, continúa Antonio.

Pero su público preferido es el adolescente. “Con ellos estás en el filo del cuchillo todo el tiempo pero son el público más sincero que hay. Si te dejan entrar en su mundo van a muerte contigo. Si no consigues llegarles van a por ti y te destrozan, son crueles, pero son un reto y cuando consigues encontrarte con ellos, la sensación de satisfacción se duplica”.

Antonio ha contado cuentos por toda la Península pero también en Venezuela y Colombia. “Colombia es el país donde reina la palabra. Aquí es una actividad alternativa y tiene un público alternativo en calidad y en cantidad. Allá es espectacular, se llenan teatros monumentales solamente con un narrador y la gente paga, a pesar de la situación económica, para entrar a ver a los narradores. Tiene más fuerza que el teatro”.

La voluntad del sabio

Antonio se proyecta en el futuro creciendo como persona y contando historias. Pero no está solo. Hace 14 años, después de haber hecho talleres con niños y adolescentes, se le ocurrió incluir a los mayores. “La primera sorpresa es que se matricularon muchos pero tenía a gente que no sabía leer ni escribir y propuse que se hiciera un concurso de relato llamado ‘Rescatando la memoria’. Si tienes capacidad puedes contar tu historia escrita y, sino tienes capacidad para escribir, tenemos grupos de jóvenes que de manera voluntaria escuchan al mayor y luego lo escriben. Llevamos doce libros publicados con ese material. Son de una belleza tremenda porque es la memoria del pueblo”.

Desde el municipio de Arucas (norte de Gran Canaria) ha venido acompañado con José Miguel Ortega (75 años), María Llanera (75 años) y Fela Guedes (71 años). Pepe, Tita y Fela cuentan a Son Comunicación algunos de sus cuentos. Ninguno de los tres pensó que formaría una familia de 35 narradores mayores que actúan en hospitales, colegios o institutos “Nosotros no somos viejos, es que tenemos muchas juventudes acumuladas”, bromea Pepe.

Pepe es un todoterreno, Tita es experta en romances y Fela es la picarona del grupo. “Desde que formamos ‘Los labrantes de la palabra’ hemos ganado en calidad de vida”, dice Fela. Sus miradas están llenas de experiencia acumulada y de deseos de contar historias a la juventud. Hacen una labor voluntaria que les alegra la vida, pero no sólo a ellos, sino a los jóvenes que les escuchan. “Cuéntame un romance Tita” y a ella se le enciende la mirada y comienza: “Hace mucho tiempo…”.

Texto e imágenes: Natalia Pulido. @npulidojimenez

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4 Respuestas a “Antonio López y ‘Los Labrantes de la Palabra’ rescatan la vida contando cuentos

  1. No me canso de admirar a todas las personas que nos transportan a mundos mágicos con sus palabras.
    Precioso reportaje…

    • Muchas gracias Triqui, un mundo mágico es necesario para escapar a veces de las cosas feas que nos rodean. Además son mundos mágicos con moralejas…¡qué más se puede pedir!

    • Muchas gracias por tus palabras, fue un verdadero placer hacer este reportaje y vivir en directo lo que pueden llegar a transmitir los cuentacuentos. Si con este texto te hemos animado a seguir nos llenas de alegría. ¡Un abrazo!

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