Los creadores y emprendedores culturales viven con tristeza el cierre de la Asociación ‘Colectivo La Latina’ de Madrid

Asociación Colectivo La Latina en el barrio madrileño de La Latina

La asociación ‘Colectivo La Latina’ está de capa caída y cabizbajos se saludan las personas y socios que van llegando para despedirse. Su actividad ha llegado a su fin. Esta asociación de artistas, creadores y emprendedores culturales ,que lucharon por crear un espacio para el encuentro y el desarrollo cultural, con la voluntad de promover y divulgar las diferentes manifestaciones artísticas emergentes, se han visto fulminados por una burocracia mal entendida.

La idea de buscar un sitio en la zona del barrio madrileño de La Latina, para hacer actividades que potenciaran las ganas de crear y de dialogar con los vecinos, surgió a finales de 2010 de la mano de Antonio del Valle y seis socios más. Dos años y medio más tarde, Son Comunicación se reúne con Antonio porque el Ayuntamiento de Madrid ha dado por finalizada esta actividad, a base de poner multitud de trabas que han ido ahogando las ilusiones, el esfuerzo y el dinero inicial desembolsado.

“Estamos ya asfixiados, esto ha perdido el sentido inicial porque nos encontramos luchando continuamente con el Ayuntamiento”, explica Antonio del Valle, presidente del Colectivo La Latina.

Desde el principio fueron dando los pasos indicados por las instituciones. “Lo primero fue consultar si en este local, calle y edificio, se podía hacer una sala multiusos y la Agencia de Gestión Local nos dio el visto bueno al proyecto”, comienza Antonio.

Lo siguiente fue hacer la reforma del local mientras que acudían a ECLUs (Entidades Colaboradoras en la tramitación de Licencias Urbanísticas), “un nuevo sistema de adjudicación de licencias del Ayuntamiento a través de empresas privadas que se inventó Gallardón”, dice.

“Presentamos la documentación y el proyecto arquitectónico a finales de noviembre de 2010. El Ayuntamiento había vendido este sistema como más ágil, donde la media para obtener la licencia eran 75 días. Lo presentó como si fuera una maravilla y además evitaba casos de corrupción”, continúa Antonio.

Registrada la asociación y con los papeles en movimiento, todos estaban contentos, pero después de mucho tiempo, en el verano de 2011, reciben una llamada de la ECLUs donde les informan que el Ayuntamiento no da el visto bueno.

Uno de las actuaciones en el colectivo fue del Grupo de danza Teatro Oshumare

“Nos dicen que no vale porque en este zona no se puede hacer ningún local nuevo de espectáculos (que entra dentro de lo que es una sala multiusos) con un aforo superior a 300 personas. Nos quedamos alucinados porque aquí no caben 300 personas ni metidos con calzador. Según la AGLA (Agencia de Gestión de Licencia de Actividades), por las medidas que tenía el local cabían 364 personas, asi que nos tiraron el proyecto y nos querían mandar para casa”.

“De hecho, nosotros el proyecto lo hicimos con un aforo máximo de 180 personas que fueron los cálculos de los arquitectos. Como ya habíamos invertido, no nos rendimos e intentamos conseguir un aforo menor de 300. Tuvimos que remodelar todo el proyecto arquitectónico, quitar trozos del local, adaptarlo hasta conseguir un aforo de 298 personas, aunque seguía siendo una barbaridad y una temeridad porque aquí no caben tantas personas”.

Tras la obra no acabaron los problemas. Este Colectivo que ha sido el local de reunión de más de veinte ONGs, de Greenpeace, de la Asociación de Cine documental (DOCMA), de actores que han querido ensayar sus obras de teatro a los que el Colectivo cedía sus paredes o donde se han dado cursos de formación de producción de vídeo para inmigrantes enseñándoles a que ellos mismos pudieran contar sus experiencias, entre otras cosas, se vio envuelto en otro conflicto.

“Tuvimos un acto con Setem (Federación de 10 ONGs de solidaridad internacional), era una campaña llamada ‘Ropa limpia’ que se presentó aquí. En ese acto hubo un concierto de un grupo turco. Esto molestó a algunos vecinos y al venir la policía en su parte nos definieron como bar especial con actuaciones musicales en directo, cuando intentamos una y otra vez explicarles que era una sala multiusos”.

A partir de ese momento empezaron a llegar requerimientos del Ayuntamiento diciendo que precintarían la actividad por estar haciendo la actividad de bar especial con actuaciones musicales en directo.

“Finalmente llegó el permiso de implantación de actividad por enseñarles que las reformas se habían realizado. Como ejemplo, para hacer el baño de los minusválidos nos pusimos en contacto con dos asociaciones de discapacitados a nivel nacional y les pedimos que nos enviaran las medidas que ellos barajan de cómo tiene que ser un cuarto de baño para discapacitados, lo que nos enviaron, fue lo que se hizo”, argumenta Antonio.

“Resulta que el Ayuntamiento es más papista que el Papa y como eso no les cuesta dinero, ellos estaban más a favor de los minusválidos que nadie y nos dijeron que nos faltaban 15 centímetros por una normativa que ellos habían creado. También lo arreglamos e hicimos un baño para discapacitados mucho más grande de lo que puede ser un piso en Madrid en los que viven ahora las familias”, puntualiza.

Actividades como títeres, música y canciones para la familia en el Colectivo La Latina

Quedaban sólo dos inspecciones por pasar: la técnica y la medioambiental. “Pasaba el tiempo y aquí no venía nadie a pesar de insistirles para que lo hicieran, y cuando digo que pasa el tiempo, transcurren seis meses. En febrero de 2012 es cuando finalmente pasamos la inspección técnica (salidas de emergencia, contra incendios, rampas, baños discapacitados…), la obra era acorde con el proyecto aprobado. Pero de la inspección medioambiental nos comunican, después de dos meses, que tenemos que hacer subsanaciones en el sonido. Nosotros las hacemos y presentamos el documento con que hemos hecho los arreglos el 5 de junio de 2012”, insiste.

“Ahora tenían que venir a medir otra vez y nos daban ya la licencia. Pues han venido a medir a mediados de febrero de 2013. Mandamos 25.000 escritos pidiéndoles que vinieran y nada de nada, sin noticias de ellos”.

“Todavía no nos han comunicado oficialmente que no hemos pasado la inspección medioambiental, pero extraoficialmente nos han dicho que no porque al hacer conciertos tenemos que adaptar el local al ‘nivel 4’, como las discotecas. Nos exigen eso y sin embargo nos dicen que aunque hagamos esta reforma sólo podremos abrir hasta las 00.00 horas porque somos una sala multiusos y no hasta las 2.30 horas como realmente están las discotecas. En fin, otra reforma cuando ya estamos saturados. Desde el primer día tenemos los seguros de responsabilidad civil, anti incendios, sanidad y mil cosas más”.

La triste decisión está tomada porque los miembros de la asociación no pueden más ni económicamente ni mentalmente.

Mabel G. es otra de la socias fundadoras que está enseñando a los interesados que van llegando al local para despedirse, el material que está a la venta de la asociación. “El Ayuntamiento nos ha puesto trabas imposibles de superar por el contenido de las propias trabas y por los plazos puestos para ello. Somos un grupo de socios que ponemos nuestros dinero sin ningún tipo de pretensión más que mantener este local. Sólo los plazos que han tardado desde el Ayuntamiento ya hubiera sido casi suficiente. Me imagino que juntos y por separado, seguiremos poniendo en marcha cosas nuevas porque va en el carácter de todos los que nos metimos en esto”, explica a Son Comunicación.

“Es un problema de organización, de burocracia mal entendida, de prioridades poco o mal priorizadas, de no comprender. A mi me choca mucho que este partido que gobierna en Madrid, y a nivel nacional, se autodenomine el partido de los emprendedores, cuando al final para los emprendedores todo son trabas. No existe ningún tipo de facilidad”, se queja Mabel.

Y es que en este lugar todos han aprendido mucho. “Voy a echar de menos la existencia de un local donde la gente del barrio o de otros lugares pueda llegar, plantear una idea y que se le diga: sí, adelante, aquí tienes un espacio para ensayar o tienes un espacio para exponer tus cuadros o tus fotografías. Era un punto de reunión para gente interesada en hacer cosas diferentes, sumar y que hubiera un sitio donde se pudieran poner en marcha proyectos que a lo mejor no salen adelante porque no tienen donde hacerlo o porque no tienen dinero”.

Exposiciones de fotografía o pintura se llevaban a cabo en el Colectivo La Latina

“Me he dado cuenta que la gente trabaja muy duro sus ideas para luego llevarlas a cabo y lo pocos espacios que existen para que eso se pueda ver. Solamente vemos una parte de la realidad, posiblemente la más superficial, la más banal, la que suele llegar a los grandes medios o aquella que se puede permitir el lujo de invertir grandes cantidades de dinero”, asegura.

Antonio saluda a una vecina que frecuenta el local cultural y que hoy también está triste. “Es el cierre de un sitio de encuentro entre vecinos donde puedes hacer, con iniciativa propia, actividades que tienen que ver con hacer algo más que pasar el rato. Se hacen cosas con una perspectiva más profunda, de trabajo y de cambio, de modificar relaciones, de cambiar ese no conocer a tus vecinos. Esto para mi ha supuesto encontrarme con gente y además por mi edad, hacerlo con gente más joven que desconocía. Hemos vuelto a la vida de barrio donde hay más contacto, lo que para mi tiene mucha importancia”, explica Almudena a Son Comunicación.

A su lado un grupo de personas charlan y hacen anotaciones en sus cuadernos. Se trata de un grupo de acompañamiento que ha surgido a través de la Plataforma ‘Yo Sí Atiendo’ que funciona a nivel de barrios. Personas que se dedican a acompañar a los inmigrantes que se han quedado sin sanidad. “Llegamos a los centros de salud para ver como podemos hacer una colaboración de trabajo”, explican a Son Comunicación.

Este espacio que Antonio y sus socios les cedían para reunirse ya no estará a partir del próximo sábado día 6. “Estamos también decidiendo donde ir cuando cierren el Colectivo. Una pena porque aquí no se hacía mal a nadie”, concluyen.

Texto: Natalia Pulido. @npulidojimenez

Imágenes: cedidas por el Colectivo La Latina.

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