‘La venta del paraíso’, un canto a vivir con dignidad de Emilio R. Barrachina

Poeta, escritor y director de cine, Emilio Ruiz Barrachina estrena el próximo 19 de abril la película 'La venta del paraíso'

Emilio Ruiz Barrachina es un comunicador. Poeta, escritor y director de cine que si le surge una idea, busca la mejor manera de expresarla. Empieza escribiendo debido a su carrera periodística pero, el próximo viernes 19, estrena en España su película ‘La venta del paraíso’ que lleva un mensaje por bandera: vivir con dignidad. Una producción hispano-mexicana, escrita con Gonzalo Suárez.

Se trata de su quinto largometraje tras haber estudiado cine, hace tiempo, con Sergio Cabrera en Colombia. Desde el año 1987 a 1997 fue corresponsal de guerra en América Latina para la BBC, donde realizaba un documental a la semana. “Del reportaje pasé al documental y de éste, hace poco, a la ficción. De hecho, ‘El Discípulo’ siempre digo que es un documental pero tiene forma de ficción porque entra más suave”, cuenta Emilio a Son Comunicación.

Este género ha sido durante muchos años su punto fuerte. “Me gusta investigar, que las películas tengan fondo y que el espectador de alguna forma sea partícipe”. Y es que Emilio huye de contar las cosas de la manera en la que están estipuladas.

“La historia siempre es muy subjetiva. Tu lees cualquier libro, incluso cualquier cuestión narrada en un periódico y, evidentemente, depende de quien la cuenta. Ahora hay mucha uniformidad. En el caso del periodismo, que es también un poco por lo que yo lo abandoné, ya llega todo de la agencia de turno y sólo cambian el titular acorde al medio para el que estén trabajando, y sino de ahí, pasan a tertulianos que son los nuevos gurús impuestos, convirtiéndose en una profesión. Todo eso no me interesa”, subraya.

Los actores Carlos Iglesias (El Paisa), William Miller (Oswaldo) y Ana Claudia Talancón (Aura María) en 'La venta del paraíso'

Por eso, de sus años de corresponsal el aprendizaje más importante fue el humano. ”Cuando estás en países con estos conflictos tan extremos, que desde aquí somos incapaces de percibir, el mayor aprendizaje es el humano. Eso se ve en todo lo que hago, incluida esta película. El cómo sales de las situaciones por la unión, por la ayuda mutua, las dificultades… todo lo aprendes cuando te ves metido en conflictos de guerras encubiertas, de luchas de poder, de intereses, de política, cuando llevas como yo llevé conversaciones de paz de guerrilla”.

Y es este aprendizaje, “que no se paga con nada ni se aprende en ninguna universidad”, el que le permite hacer trabajos como éste último, además de exigir.

“De igual manera que se nos exige a nosotros, con toda razón, que el cine tenga más calidad, yo también tengo el derecho de exigir que el espectador tenga más capacidad. Empieza a ser el momento de que nos exijamos todos, que esto no vaya sólo dirigido a los creadores sino que éstos también tengan derecho a que el público tenga más categoría y más calidad de la que en este momento tiene. Desde los años 80 hasta aquí, hemos perdido mucho. Habremos ganado en tecnología y en otras cosas, pero hemos perdido en profundidad, en pensamiento, en raciocinio y esto es muy malo porque estamos viendo lo que está pasando, que nos están llevando por donde les da la gana”.

Para Emilio en España, el cine y el arte en general, está muy politizado. “A los artistas y a los directores de cine se les trata de encasillar en un partido o en otro, ese ha sido el primer gran error. El segundo, es económico e industrial, es decir, yo estoy a favor de las ayudas pero creo que se han dado muy mal. Más del 50% de éstas se las llevan entre cuatro, estamos en el mismo caso que muchos sectores porque lo que ha habido es mucho amiguismo, mucho compadreo, mucho lo de siempre. Se ha primado la parte industrial y no la artística. Tu con una subvención podías hacer una película sin preocuparte del guión y así hemos llegado donde hemos llegado. Lo primordial en una película ya no era la historia, era sacarla, hacer taquilla y cobrar la subvención”.

El actor Juanjo Puigcorbé es Olivetti en la película 'La venta del paraíso'

“Hace mucho tiempo que nos dejamos comer por las majors, por las grandes marcas americanas, que son ahora mismo las propietarias de las salas de exhibición que, a fin de cuentas, es donde se ve el cine. Ahora ya no hay quien le ponga el cascabel al gato”, continúa Emilio.

Para él, el cine español no es mejor ni peor que el cine francés o el italiano. “Ellos también tiene mucho cine malo, pero cuidan su cine. En Francia, priman las salas que ponen cine francés, las subvenciones las distribuyen de una manera muy distinta a la nuestra, las películas que van de fuera tienen que dejar una parte para producción de cine nacional y la televisión pública francesa no pone cine americano”.

“TVE gasta ochenta y cinco millones de euros en cine americano y treinta y cinco en producir cine español, cuéntemelo usted. A mi me parece bien que Telecinco o Antena3 hagan lo que les de la gana porque son empresas privadas, pero hay cosas que no entiendo políticamente y si entiendo pecuniariamente. Aquí ha corrido mucho dinero directo a muchos bolsillos y así, estamos como estamos”.

Habla sin pelos en la lengua, como ya lo hizo en el año 2006 escribiendo la novela que lleva el mismo nombre que la película que estrena ahora. En Colombia le tocó vivir la época de los carteles de la droga.

“Pasé miedo, cuando salías a la calle te paraban los controles de la guerrilla o de la policía. En la novela ‘La venta del paraíso’ cuento varias cosas que son vivencias reales. Una vez yendo en helicóptero nos dispararon. Me fui con 23 años y ahora me preguntan que si lo volvería a hacer y les digo que no. Hace poco he estado en Sudán haciendo un reportaje de niñas soldado y pensé, una y no más. Lo que hice con esa edad, ahora ya me lo plantearía dos veces. Por un lado, había cierta inconsciencia y, por otro, muchas ganas de arreglar el mundo. Ahora se hace de otra manera, haciendo películas como ‘El Discípulo’ o ‘La venta del paraíso’, te atreves desde otras posiciones”, confiesa.

La actriz Ana Claudia Talancón hace de Aura María en la película 'La venta del paraíso'

Y en esa lucha, monta en el año 2004 ‘Ircania Producciones’. “Cuando entras a plantear películas más sociales, te das cuenta que la gran industria y las televisiones no están por la labor. Estamos en una época de la corrección política. Todo el mundo quiere quedar bien con todo el mundo, cosa que ha sido siempre imposible. Nadie se quería comprometer, pero yo no soy ni el primero ni el último. Orson Welles ya en 1958 decía: el que quiera hacer cine independiente lo tiene que hacer buscando sus recursos”.

Inspirado por Welles, más que por sus películas, por su actitud. “Es un tipo que después de tener un gran éxito en Hollywood y que podía haber vivido divinamente a la sombra de los grandes estudios, decide dejarlo todo, venirse a Europa y a España a hacer el cine que él quería hacer, metiéndose en deudas y costándole muchísimo sacar cada una de sus películas. Ese tipo de cosas, o lo haces desde una producción propia, o son imposibles”.

Para el director, el arte tiene que estar por encima de la política. “El arte siempre ha sido un referente pero cuando ha habido receptores, el problema es que ahora no los hay. Yo sigo diciendo que si hoy Gabriel García Márquez publicase ‘Cien años de soledad’ vendería 500 libros. Cuando lo publicó se acabó la primera edición en el día. El problema es nuestro, de la educación, de la política… A esta última nunca le ha interesado que haya un pueblo educado, pero hemos llegado a unos niveles que, sobre todo, en la televisión, son ínfimos”.

“Pero sigue habiendo un núcleo cultural e intelectual al que se ha silenciado. Antes la intelectualidad con mayúscula, no los tertulianos, daban una opinión y se tenía en cuenta, hoy por hoy es que no tienen ni donde darla porque se les han cerrado los canales”, insiste.

Cuando Son Comunicación cita a la llamada “generación perdida“, Emilio se mete dentro del saco. “El problema de la generación perdida empieza con nosotros, los que tenemos cuarenta y tantos años pero no hemos tenido acceso ni al poder ni a los grandes partidos. Con nosotros empieza a perderse y a cambiarse la educación, la forma de ver la vida y comienzan a facilitarnos todo. Cuando tu no has tenido que luchar por nada, lo único que haces es exigir. Necesitamos darnos cuenta de que por patalear no nos van a dar nada”, reflexiona.

“La juventud es la que tiene que salir a la calle, es la que se tiene que mover, es la que tiene que pedir por su futuro. Pero está saliendo a la calle la gente de cincuenta años para arriba porque ya en su día les tocó salir y saben los que es, pero son pocos y están mayores. Las revoluciones y los cambios de rumbo en la historia siempre lo ha dado la juventud y ahora está cegada.

En ‘La venta del paraíso’ se tiran piedras contra los bancos por eso, se ha estrenado antes en Francia que en España. “En Madrid los cines se han negado a pasar la película diciendo que es un film que incita a la revolución. Se han negado cines como el Palafox, Roxy, Conde Duque, Callao, Capitol y el Palacio de la Prensa. Se han negado”, reitera.

Cartel de la película 'La venta del paraíso' de Emilio Ruiz Barrachina

A esto se une que las críticas que están saliendo de la película no están entrando al fondo de la cuestión. “La película está llena de matices. Cuando ella va al trabajo y se da cuenta de que le han engañado es lo de menos, eso es quedarse en la cáscara. Lo importante es el cartel que tiene el tipo encima de la mesa que pone “jefe de residuos humanos”, eso está dirigido a los jóvenes. Para una empresa, el trabajador de base en este momento es un residuo humano que hay que aguantarle porque va a sacar un trabajo. Eso es lo importante que tiene la película. Cuando ella entra al banco, ese lugar se llama “La Cosa Nostra” y en su interior está lleno de guardaespaldas. Se habla en italiano, es una tarantela de la mafia. Nadie ha entrado en esos detalles”, subraya.

“La Castellana la han pavimentado porque debajo están los adoquines. Hablo metafóricamente porque no soy partidario de la violencia pero cuidado porque el poder sólo está reaccionando con los escraches porque es cuando han visto el peligro en casa”, dice.  “Al 15-M yo lo apoyo, lo he apoyado siempre y lo seguiré haciendo, pero al final aquello fue un colchón para parar toda la indignación, eso al poder le vino de perlas”.

‘La venta del paraíso’ es un drama. “Es el asumir todo y tirar la casa para empezar a construirla de nuevo. Ahora eso si, con dignidad”.

Y es que el elenco de actores, Ana Claudia Talancón (Aura María), William Miller (Oswaldo), Carlos Iglesias (El Paisa), Juanjo Puigcorbé (Olivetti) o María Garralón (Doña Pura) verán que juntos sí se puede, pero empezando siempre desde el individuo. “Lo bonito de la película es que uno pide ayuda al otro por vivir y hacerlo con dignidad porque esto son dos días de verdad. Yo he visto morir a mucha gente en Latinoamérica con 18 o 20 años. Aquí no estamos en esa situación pero la vida es corta y nos la están robando y convirtiendo en un número de una cuenta corriente”.

Orgulloso del equipo de la película recuerda con cariño lo que fue el último trabajo de la actriz Mariví Bilbao. “Se le cayó encima el decorado y cuando volvimos a montarlo decía: ahí se va a sentar tu puta madre que casi me matáis”, ríe Emilio.

“Era una mujer simpática que dio alegría a todo el equipo. Era una persona genial, hay frases de ella que no estaban en el guión porque dijo lo que quiso y nos partimos de la risa. Es un aprendizaje para todos, de vitalidad y de hacer lo que realmente te de la santa gana”, reflexiona.

‘La venta del paraíso’ tiene homenajes explícitos a los grandes del cine, pero Emilio resume en un nombre a todos. “El esperpento de Valle-Inclán es mi referente y el de muchos”. Una película donde la pensión de Doña Pura es ya un personaje donde se alza un árbol de la vida que es la tabla de salvación para uno de ellos y… si se pide, para todos.

Texto: Natalia Pulido @npulidojimenez

Imágenes: cedidas por la productora Ircania

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