Teatro y transformación social con diálogo y esperanza

Laura Rubio, Beatriz Pertejo y Katharina Otto forman el colectivo 'Dignitas'

La comunicación es parte de la escucha, es una herramienta liberadora. Pareciera que lo que no sale en los medios no existe. La comunicación es una cualidad del ser humano que abarca toda nuestra vida y que nos posibilita las experiencias más señaladas de nuestra existencia. Somos comunicación.

Bajo estas premisas del Teatro de la Escucha, donde se conocieron Beatriz Pertejo, Laura Rubio y Katharina Otto, nació en septiembre de 2012 ‘Dignitas’, un colectivo de teatro y transformación social.

Ellas no se conforman con ser meras reproductoras de los mensajes que reciben. Para estas tres mujeres, la comunicación tiene la función de transmitir la verdad y ésta es la realidad. Trabajan para generar sus propios mecanismos de comunicación porque son conscientes de que la verdad no podrá nunca incomodar al que paga. “Una ley que siguen todos los medios de comunicación”, aseguran.

Las tres provienen del ámbito de la educación y del trabajo social. Katharina, que nació en Alemania, es profesora de idiomas. Bea y Laura son trabajadoras sociales que, lejos de ver su profesión como algo meramente burocrático, quieren cambiar esa concepción hacia la promoción de las personas.

En sus tres años de formación teatral bajo la dirección de Moisés Mato, entendieron que la comunicación parte necesariamente de la escucha y que ésta nos hace más humanos y nos da poder. Aprendieron que el que escucha conoce y se conoce, se transforma y puede transformar.

De aquella enseñanza surgieron dos obras que intentan hacer llegar al público: ‘desArMar’ y ‘Requiem por los inocentes’. “Proyectos de curso que vimos muy interesantes, cosas muy particulares y nuevas que había que seguir moviendo”, explica Katharina a Son Comunicación.

“Somos colectivo porque lo que hacemos no es del todo teatro. Estamos trabajando sobre una técnica que se llama ritual, algo que está a medio camino entre el teatro y la performance. El ritual busca mucho revivir emociones, revivir procesos corporales que, desde fuera, se ven más como una performance que como una obra de teatro. Es un formato muy nuevo”, continúa.

Todas buscaron en esta rama del arte escénico algo que faltaba en sus profesiones, descubriendo así, claves más útiles que las planteadas en la universidad.

Katharina Otto, Beatriz Pertejo y Laura Rubio en la obra 'desArMAR'

En la obra ‘desArMAR’, una oda al perdón para desarmar la violencia, comenzaron con la técnica del ritual. “Hay dos puntos fundamentales aquí. El primero, es partir de historias reales que tuvieran una clave muy importante de humanidad, que viéramos en esas personas un acto inmenso de dignidad. Lo segundo, era que aquello nos superara, que no pudiéramos entenderlo ni comprenderlo”, dice Laura.

“Con esas claves empezamos a investigar historias y encontramos varias en cuanto al tema del perdón. Personas que habían sufrido una violencia insuperable pero que, ante esa violencia, habían decidido perdonar. Nosotras veíamos la dignidad y a la vez no comprendíamos como podían llegar a hacer eso”, argumenta.

La obra consta de tres historias, una mujer violada en México, un padre palestino al que mataron a su hijo y una mujer de Ruanda que en el genocidio perdió a toda su familia.

“Lo que queremos aclarar con esta obra es que el perdón, como pasa en Occidente, no es algo hipócrita, un juego de niños. Aquí hablamos del perdón activo que lleva a cabo. Se comprometen con la realidad social en la que viven y, por ejemplo, el padre palestino asegura que le mataron a un hijo pero que ahora tiene 200 porque él mismo ha creado una escuela para la paz. Ahí vemos esa superación de la que hablamos”, describe Bea.

Han actuado para todo tipo de público. “Hemos hecho representaciones para profesionales de la psicología, trabajadores sociales, educadores, curas… al final de la actuación hay un diálogo informal, donde ellos cuentan que les ha parecido y reflexionamos en torno al perdón”, cuenta.

Obra de teatro 'Requiem por los inocentes' dirigida por Moisés Mato

Que las actrices salgan a hablar con los espectadores rompe esa barrera, el objetivo es no quedarse en la superficie. “Las personas tienen la oportunidad de contactar si lo necesitan, no nos quedamos sólo en la obra. El proyecto de ‘desArMar’ es un proceso donde la obra es un punto de partida, no es una cosa cerrada, sino que de ahí, se puede llegar más lejos. En el teatro de la escucha, a diferencia de todas las corrientes teatrales que yo conozco, no pone en el centro al actor, él no es la estrella. Aquí el centro es el tema del que se habla, un cambio muy importante de lógica”, cuenta Katharina.

En ese centro se coloca la dignidad de todas las personas. “Creo que ni siquiera sabemos lo que es eso”, se entristece.

“Por unas razones o por otras, la dignidad está machacada. En algunos casos, como las historias que contamos, por guerras, por explotación, por violencia inmensa, la dignidad está aplastada. En otros casos, nosotros, los que vivimos estas desgracias desde lejos, también tenemos la dignidad aplastada porque sabemos que se están cometiendo todas esas injusticias y nos estamos callando. Eso aplasta mi dignidad”, asegura Laura.

“Otro de los principios del teatro de la escucha es la promoción. Cuando trabajamos en ambientes donde vemos que a nivel de cooperación y desarrollo o trabajo social, no se les pregunta a las personas que necesitan, es frustrante. Ellas mismas saben como solucionar sus problemas pero es el nivel de dignidad. No quieren que les den migajas sino ser apoyadas en sus procesos. El paternalismo que tenemos en este país destruye la dignidad de los empobrecidos”, explica Bea.

“Nos cuentan y nosotros tenemos que hacer lo que dicen sin entenderlo, sin diálogo. Esto pasa en el médico, en el sistema laboral donde la gente no sale nunca de ser becario… hoy en día no tenemos un control de nuestra vida, ni siquiera de lo que consumimos, no podemos decidir. Yo no tengo la libertad de no financiar una guerra, porque con cualquier cosa la financio y encima ni lo sé. No puedo controlar mi educación, mi salud, ni mi nada”,  puntualiza Katharina.

Por ahora, ninguna de las tres tiene una solución al problema, pero saben por donde empezar. “Ojalá hubiera un manual. Hay dos planos en la transformación social, uno es la denuncia de todas esas injusticias y otro es el anuncio de experiencias de personas que, a pesar de estar viviendo todas esas injusticias y esa violencia, deciden luchar y seguir apostando por un mundo mejor. Eso se muestra en los dos espectáculos que tenemos”, dice Laura.

“Hay que anunciarlas, primero para conocerlas y segundo, para ver que hay esperanza. Yo en mi vida voy casi siempre desesperanzada y, sólo cuando me agarro a estas historias, de repente veo un poco de luz y pienso que hay gente que continúa”, reflexiona.

Momento de la obra de teatro 'Requiem por los inocentes' del colectivo Dignitas

Estas chicas piden algo muy sencillo: escucharnos unos a otros, hablar con nuestros vecinos. “En la obra ‘Requiem por los inocentes’, proponemos bajar de nuestros pedestales, abandonar nuestra buena vida para trabajar juntos. Sino hay asociación es la muerte. Estamos viendo como la gente se suicida… hay que empezar por pequeñas cosas como, por ejemplo, salir juntos a pasear, leer libros en grupo …se pueden dar muchos pasitos pequeños”, insiste Bea.

Para Katharina hay tres cosas fundamentales. “Una es la paciencia, otra es no intentarlo solo porque una de las cosas que mata hoy en Europa es la soledad. Y la última es aprender a perder, a ponerse uno mismo por detrás, no ir siempre a lo mío porque eso nos está separando. Para unirnos y poder trabajar juntos tenemos que escucharnos, tenemos que aprender que no sea siempre nuestro ‘yo’ el primero, y eso cuesta mucho”.

Y es que las tres aseguran que siempre ha existido la esperanza. Hay muchas acciones que no se conocen porque no se dan voz, pues lo mismo ocurre con las historias de esperanza, hay muchísimas pero no las conocemos, nunca llegan a los medios. No sabemos que está pasando en el mundo, sabemos de guerras pero no de las luchas de las personas. Ahora en Ruanda hay mucha gente perdonándose pero sólo sabemos del genocidio. Ahora que intentan volver a ser un pueblo ya no interesa y eso es una esperanza tremenda”, dice Katharina.

En el teatro de la escucha se promociona la vocación y que las personas se planteen que pueden hacer, o quieren hacer, para favorecer a la sociedad. “Hay hasta biólogos o abogados que luego lo están aplicando a su trabajo. Gente de todas las profesiones que tienen esa inquietud social”, cuentas las chicas.

Con esta intención nace también su segunda obra ‘Requiem por los inocentes’, donde reflejan que éstos no mueren porque si y que, aceptar eso, sería matar la esperanza. “Cuando hablamos de inocentes nos referimos a personas que han muerto a causa de injusticias donde, han habido unos instrumentos de violencia estructural detrás, que han provocado esas muertes. No son muertes por causas naturales, son muertes por guerras, por intentos de venir a Europa y morir en el Mediterráneo, por hambre, por esclavitud… Eso se pone en el centro del espectáculo pero siempre con la esperanza de los que se quedan, de los familiares que ante eso, deciden luchar por la justicia pero de forma no violenta”, dice Laura.

Laura y Beatriz cogen sus manos y ríen ante la mirada impasible de Katharina en la obra 'desArMAR'

Y es que las tres han encontrado la clave para luchar sin ejercer la violencia. “La no-violencia gandhiana. Gandhi planteaba que era una cultura, una forma de vivir, una forma de mirar el mundo y, a partir de ahí, van saliendo estrategias. Eso supone ir al plano de la conciencia, de cómo miramos el mundo y, en función de eso, cómo actuamos en él”, explica Laura.

Gandhi hablaba de que no hay no-violencia sin creatividad, sin imaginación, el ser humano es capaz de crear lo infinito. Por ejemplo, en Praga, se vivió una experiencia de no-violencia. Cuando se prohibieron las radios, porque estaban siendo un método para difundir la libertad y la dignidad de las personas, un grupo de amigos sacaron un montón de plaquetas de color negro a la calle, e hicieron que escuchaban a través de estas plaquetas simulando que eran radios. Llegó todo el ejército, les rodeó porque tenían que quitarles las radios y cuando vieron que no eran radios, el ejército se empezó a desmoralizar”, añade.

“En Chile, ocurrió en la protesta contra Pinochet. El análisis era que la gente tenía miedo y que había que superarlo. Nadie se atrevía a actuar. Entonces se propuso un día de andar lento, al final del día todo el país iba a cámara lenta. Son acciones que van en el momento justo y están muy bien planteadas, no es una técnica cualquiera, va todo encaminado a una mirada y a un análisis del momento. Por eso funcionan”, cuenta Katharina.

Por todo esto van a seguir trabajando para mejorar. “La no-violencia molesta muchísimo, cada experiencia que conozco y leo me revienta porque rompe con mi mentalidad, rompe con mi forma de vida”, explica Laura.

“La no-violencia duele y te arriesgas mucho. En el movimiento de derechos civiles en Estados Unidos hicieron acciones en bares que estaban segregados. Entraban parejas de blancos y negros y se sentaban en una mesa. Les echaban y entraba la siguiente pareja y así continuamente. Con esto haces sentir violento al malo sin responder con violencia, aunque el opresor saque la suya porque le haces ser consciente de lo que hace. Siempre tendemos a justificar nuestra violencia. La no-violencia cuando está bien planteada, hace ver al individuo toda la violencia que está ejerciendo sobre otros”, dice Katharina.

“El 15-M fue una explosión de lo que es el ser humano ante el sufrimiento y la injusticia y de cómo éste reacciona porque su corazón se lo pide. Pero no basta sólo con eso, necesitamos formarnos, juntarnos y ver de qué manera podemos hacerlo. La no-violencia incide en la reunión para empezar juntos una formación, eso supone un análisis. Hay que aprender de lo que ya hicieron otros, de los fallos que cometieron y de los aciertos que tuvieron”, asegura Laura.

Por todo esto, quieren aportar su granito de arena mediante sus obras. El próximo domingo 28 de abril, a las 18.00 horas, los lectores interesados podrán ver ‘desArMAR’ en la Sala Metáforas de Madrid (c/Papagayo, 8. Metro Abrantes). La entrada tiene un coste de seis euros.

Además, el domingo 12 de mayo, junto a la ‘Plataforma A Desalambrar’, organizarán el ‘II Maratón Internacional de Teatro Encuentro’ bajo el lema “Un día para el diáologo”.

Las tres tienen el futuro de ‘Dignitas’ claro: “Seguir sosteniendo esto. Mover las dos obras que tienen un valor muy importante en la realidad en la que vivimos y profundizar en estos trabajos y ajustarlos a distintos espacios, a colegios, a asociaciones…”. En definitiva, no rendirse porque ahora tienen esperanza.

Texto e imagen de portada: Natalia Pulido. @npulidojimenez

Imágenes: cedidas por el colectivo ‘Dignitas’ (tomadas por Gara Fariño y Tomás Gimeno).

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