Entrevista a Javier López Menacho, autor de ‘Yo, precario’

“Dignificar el trabajo es algo colectivo” | Javier López Menacho

Javier López Menacho escribe su primer libro bajo el título  'Yo, precario'

Javier López Menacho tiene 30 años. Esa edad en la que uno es joven pero no tan tierno como un chaval de 20. Ahora se mira al espejo y se encuentra con una persona abrumada por lo que está pasando. Sigue teniendo las mismas opiniones y cambiar, cuyo significado según la RAE es dejar una cosa o situación para tomar otra, ha cambiado muy poco.

Acaba de publicar su primer libro titulado ‘Yo, precario’, con la editorial Los Libros del Lince. Esta novela, reportaje y ensayo ya va por su segunda edición. Se trata de un testimonio en primera línea de un trabajador despojado y humillado hasta el borde de la inexistencia, como explica en su prólogo el escritor Manuel Rivas que lleva los honores. “El precario no tiene agarraderas, no tiene muletas sindicales ni institucionales, no tiene donde pisar con seguridad. Se desplaza sobre un suelo que puede ceder a cada momento. Aquí se ven todos los engranajes de un mecanismo mezquino e implacable. Es el humor del costumbrismo transgresor del género de la picaresca”, señala Rivas.

Javier se lo dedica a sus padres. “Quiero concienciar con este libro a la gente. Es la desesperación de la incertidumbre al pagar el alquiler, lo que te hace el no pensar si el trabajo es bueno o malo porque tomas decisiones a lo loco. El mercado laboral no tiene en cuenta al ser humano pero no tenemos que perder el norte”, explica el autor a Son Comunicación.

Y es que, en estos tiempos que nos castigan, para muchos jóvenes el trabajo se ha convertido en algo más importante que lo que uno quiere ser, pero hay mundos en los que no merece la pena vivir.

Javier tiene una carrera, un máster y varios cursos de especialización, pero no ha conseguido ningún empleo estable, sino que ha ido deambulando de trabajo en trabajo, todos ellos precarios y sin continuidad. Ahora tras el libro, tal vez la suerte y por supuesto, el esfuerzo de todos sus días, le ayuden a normalizar su vida. “Finalizo el libro con una llamada que me llevó a convertirme en redactor freelance pero, actualmente, me encuentro en un proceso de cambio. Empiezo esta semana con un trabajo nuevo como community manager donde espero tener una relación duradera”, asegura.

'Yo, precario', el libro de Javier López Menacho que refleja la desesperación de muchos jóvenes, y no tan jóvenes, ante la incertidumbre laboral

Cuando explica sus experiencias siempre insiste en hablar en plural, “no me pasa a mi sólo, nos pasa a cinco millones de personas desesperadas por trabajar”, puntualiza. El texto es un canto de esperanza envuelto en una tristeza agridulce, el esfuerzo por encima del talento, eso debería de llevarnos al éxito.

Javier se fue de casa de sus padres a los 22 años con una maleta cargada de ilusiones para empezar a poner los cimientos de un futuro de vida prometedor. Consiguió montar su propia empresa de servicios educativos y animación para el tiempo libre pero, a finales de 2011, el proyecto fracasó y con él, el poco dinero que había logrado ahorrar a lo largo de su vida. “Comenzaron los retrasos en los pagos y me convertí en una especie de cobrador del frac, apartándome de mi camino que era el proyecto educativo”, dice.

En situación de paro laboral y al límite de sus posibilidades económicas, decidió mudarse a Barcelona y buscar empleo. Unos cursos de crónica periodística, en la Universidad Pompeu Fabra de la ciudad, hicieron que Javier leyera a muchos cronistas que le inspiraron y comenzó a hacer escritos viscerales en su blog ‘El espacio relatado’. “Me dí cuenta que el material era potente y empecé a darle circularidad, a no repetir esquemas narrativos con una intención grupal. Intenté novelar para hacer un artefacto literario”, explica.

Cuando tuvo el manuscrito lo mandó a varias editoriales y fue con Los libres del Lince con quien encontró ese feeling tan rápido. Javier escribe desde los 15 años pero no lo veía como algo profesional. “Siempre me he sentido escritor, lo que pasa es que en España sólo es escritor quien tiene un libro y eso es injusto. Hay mucha gente que escribe muy  bien y no encuentra la oportunidad. Soy la versión romántica de mi mismo, yo no me esperaba esto jamás, nunca había tenido una apuesta editorial. Uno siempre piensa en perder dinero o cubrir gastos pero, ir por la segunda edición, ya es un éxito enorme. Estoy viviendo un sueño del que no quiero despertar”.

Una moral aplastada

Todo este material publicado lo escribía después de largas jornadas laborales vestido de chocolatina para promocionar una marca conocida. Un disfraz pesado e incómodo que aplastaba en ocasiones su moral. “Me hizo sentir mal, ¿por qué había yo de estar avergonzado?, ¿O, simplemente, me daba vergüenza mi falta de alternativas laborales? No sólo hago lo que considero necesario para subsistir, sino que de verdad le veo a mi trabajo muchos aspectos positivos”, reflexiona en el libro.

Y así, día tras día, se convirtió en su propio animador de la empresa de su alma. Hizo muchos amigos de corta edad a los que le regalaba chocolatinas y por los que, al mismo tiempo, se preocupaba. Cuando un niño se despedía de él y se marchaba con sus padres, Javier pensaba “en lo que querrá ser y luego no podrá, en si será futbolista o dibujante de cómic frustrado, en los estudios que cursará para acabar buscando trabajo en otro país lejos del calor de sus padres, en el trabajo que se escapará un día sí y otro también y, en definitiva, en esa cadena de frustraciones que conduce a alguien a mi actual estado”, expresa el libro.

Aunque Javier, con todo el arte que puede tener uno que nace en Jerez de la Frontera, introduzca en el libro un humor agudo, no es un libro para echarse unas risas. Después de disfrazarse y acabar la campaña publicitaria de turno, se convierte en auditor de máquinas de tabaco. Más tarde, será el gancho de una compañía telefónica de donde nacen sus ‘crónicas de bicicleta’ y, por último, termina de speaker, alternando la locución de la Eurocopa 2012 con mensajes promocionales de una marca de coches.

Un desierto indeseable

Todo esto, para luchar contra ese desierto indeseable que es el paro, un desierto que rebaja su autoestima hasta los huesos de los huesos. Todo esto, por un ridículo sueldo y enorme dilación a la hora de recibirlo. Todo esto, para mantener una pizca de dignidad y no seguir pidiendo prestado a sus seres queridos.

“Siempre he intentado ser muy profesional en todos mis trabajos. Sentía la necesidad de dignificarlos y hacerme respetar, pensaba que así serviría para que la gente los valore más y los remunerase mejor. Estos trabajos hay que considerarlos. Ahora, siempre que me ponen un micrófono delante, aprovecho para decir lo mismo: dignificar el trabajo es algo colectivo”, expresa.

Javier entiende que todo el mundo debemos ir a una y su libro aporta lo que quería: “un poquito de reflexión. No podemos ir como los cangrejos hacia atrás”.

En ocasiones, se sorprende porque a pesar de hablar de un drama que viven muchas personas, para algunos medios de comunicación parece una novedad. “Esto nos ocurre a muchos, a miles de personas. Lo que he aprendido con estas vivencias es a marcar límites a mi dignidad porque también he rechazado trabajos. Me he forjado una ética del trabajo. Respeto más a una persona disfrazada en la calle de Bob Esponja, que a alguien que ha vendido preferentes a muchos abuelitos”.

“Tenemos que darnos cuenta inmediatamente de que la gente no puede trabajar sin cobrar, o seguir siendo becario cuando ya tiene una edad avanzada para serlo. Tampoco podemos rebajar nuestro currículum y convertirnos en alguien que no somos. No tenemos que permitir estas relaciones laborales y con este libro quiero aportar mi granito de arena a esa concienciación”, afirma a Son Comunicación.

Y como muchas personas en paro, también se ha deprimido. “El mundo sigue girando y el libro es una huída hacia delante. Me he pasado la vida huyendo de la miseria laboral. Es el testimonio de lo que pasa, no me he inventado nada por desgracia”.

Javier, en algún momento interiorizó que sólo es hombre quien trabaja y puede hacerse cargo de sí mismo. Ahora, seguirá escribiendo porque siempre habrá un folio en blanco esperándole. Ojalá mañana llegue cansado de trabajar. “¡Cansado de trabajar!, que bien suena eso”.

Texto: Natalia Pulido. @npulidojimenez

Imágenes: Ana Portnoy.

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